Qué ver en Montañana
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Montañana. Toponimia

 

Montañana

Toponimia altoaragonesa (160)
 

Montañana, perteneciente al municipio de El Pont de Montañana, es uno de los lugares más hermosos y valiosos de Aragón y, por supuesto, de Ribagorza. No puede faltar en una larga relación de lugares a visitar para cualquier aragonés y ribagorzano, necesariamente inconclusa, en la que aparecería con La Vall de Bohí, Roda de Isábena, el monasterio de Alaón, el Forau d´Aigualluts, los congostos de Bentamillo o Monrebei, el yacimiento de Labetolosa, Obarra, Lluzás, Finestras, Parque Nacional de Aiguatorta, Pano, Benasque… En Montañana nos sentiremos inmersos en nuestro pasado medieval, muy deteriorado pero no adulterado. Pasado éste que, sin embargo, no puede considerarse ni motejarse, como algunos hacen, de remoto, ya que nuestra Historia y, sobre todo, la Prehistoria, se alarga muchísimo más, otros 5.000 años, hasta alcanzar el cuarto o quinto milenio antes de Cristo, con la presencia de los primeros seres civilizados y antepasados nuestros, los iberos. Conocer Montañana es situarse en una buena plataforma para retroceder en el tiempo y entender el proceso de formación de las nacionalidades, la dominación visigótica y el III Concilio de Toledo, la dominación romana y el salvajismo de Roma, el origen de las dos Españas y, desde aquí, atisbar la más hermosa y antigua civilización que ha conocido el mundo occidental, la ibérica. Serviría todo ello para acabar con los limitadísimos horizontes que, para muchos, tan solo alcanzan a los Reyes Católicos y la "unidad de España", o, como mucho, a "los tiempos de los moros". Y, para otros, ridículamente miopes, les mostraría que hay una larguísima historia común y compartida anterior al nacimiento de su Patria y Nación en el siglo XII después de Cristo, historia inamovible y trascendental que no se puede olvidar y que debe tenerse en cuenta para proyectar un futuro en el que cuente la racionalidad y la solidaridad. Sé muy bien qué significa eso de "la música celestial", pero le aseguro, lector amigo, que tiene tal vigor y arraigo que ha de permanecer incólume a lo largo de los siglos venideros, mientras no se acepte y actúe en consecuencia.