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[ 14/06/2019 ]
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Montañana, la Ribagorza desconocida

Montañana, la Ribagorza desconocida

Escondida en el valle del Noguera-Ribagorzana se encuentra el pequeño pueblo medieval de Montañana. La villa, acomodada en un espolón rocoso entre los barrancos de San Miguel y San Juan, se yergue desafiante al tiempo y es una prueba viviente del pasado de esta tierra y de las gentes que la habitaron.

Vista de Montañana desde el Puente sobre el barranco de San Juan. Fuente: Héctor Polite

 

Montañana es un pequeño lugar perteneciente al municipio de Puente de Montañana, del cual le separan apenas dos kilómetros. Para llegar al mismo es necesario coger la N-230 hasta Puente de Montañana. Allí, nada más cruzar el pueblo, veremos el desvío a la izquierda que nos llevará hasta nuestro destino, en cuya entrada deberemos dejar el coche.

La villa nos recibe tímidamente, escondida entre barrancos y rodeada de colinas, sobre las cuales resisten al tiempo torres defensivas de diferentes períodos, que ya nos hablan de toda la historia y el patrimonio que aquella guarda.

La oficina de turismo, antigua casa de los maestros, es la primera edificación que encontramos. La carretera termina allí mismo, en un pequeño parking, pues el núcleo urbano, declarado conjunto histórico-artístico, está cerrado al tráfico rodado. Casas de piedra, calles empedradas, callizos, cuestas, dan fe de la causa de esta declaración. Sin embargo, es el puente sobre el barranco de San Juan quien constituye la joya de su casco urbano y se yergue en protagonista principal de cualquier fotografía.

Calle de Montañana. Fuente: Héctor Polite

Traspasar el puente de San Juan viene a ser algo así como realizar un viaje en el tiempo. Al atravesarlo nos transportamos a la época medieval y, a la vez, nos permite descubrir el importante pasado que tuvo esta población, cuya primera mención data del año 987 según el Cartulario de Alaón, en el cual se nombran bajo el topónimo de Castrum Montagnana.

Posición fronteriza durante varios siglos, sufrió a principios del siglo XI las incursiones militares del hijo de Almanzor, Abd el Malik, quien llegó hasta Roda de Isábena. Debido a estas incursiones se reconstruyó la iglesia del castro, dedicada a San Martín, aunque sus restos son en su mayoría de finales del siglo XII y en estilo románico, con ampliaciones góticas realizadas en el XIV. Sin embargo, a lo largo de la historia de la villa la advocación de San Martín se sustituyó por la de Santa María de Baldós, seguramente en algún momento del siglo XVI por consecuencia de un hecho milagroso protagonizado por Santa María y cierto pastor baldao.

Iglesia de Nuestra Señora de Santa María de Baldós. Fuente: Héctor Polite

En su interior, se descubrieron durante su restauración una serie de pinturas, unas de estilo gótico-lineal, las cuales nos cuentan la vida de San Nicolás de Bari sobre el arcosolio de un sarcófago hoy desaparecido y que se ubican bajo del coro. Sin embargo, otras más tempranas representan la escena del beso de Judas en el momento del prendimiento de Jesucristo, así como la flagelación, localizándose sobre una pilastra  en el lado norte de la nave.

Frescos de estilo gótico-lineal de Santa María de Baldós. Fuente: Héctor Polite

La iglesia de Santa María se ubica en lo más alto del promontorio en que se asienta la población. A su lado encontramos los restos de una gran torre defensiva de planta cilíndrica que se comunica visualmente con otra cuyas ruinas se yerguen en el cerro que da entrada a Montañana. Sin embargo, antes de acceder al castro, en la parte alta de la villa y cerca de la última casa del casco urbano, se erige así mismo la Torre de la Cárcel, de planta rectangular y con orígenes defensivos aunque posteriormente su función cambiaría a aquella otra que terminaría por darle su actual nombre.

Santa María de Baldós y restos de la torre medieval. Fuente: Héctor Polite

No nos podemos olvidar del pasado Hospitalario de Montañana. El lugar fue una importante encomienda de la Orden de San Juan de Jerusalén. Sobre los restos del castro del siglo XI se traban y salpican las edificaciones de la Orden, entre los cuales son de destacar, por su conservación, un aljibe, un horno de pan y un pórtico, amén de la piedra armera con los señales y el escudo de la Orden del Hospital, dando acceso al recinto superior.

Muestra de este pasado hospitalario es la ermita de San Juan, levantada en el siglo XIII a los pies del barranco de su mismo nombre y rodeada por los bancales de ambas laderas. Construida en estilo románico, destaca su portada, menos elaborada que la de Baldós, pero que alberga una serie de capiteles historiados que muestran la preparación y el nombramiento de un nuevo freyre sanjuanista, algo muy poco frecuente. En su interior, se conservan pinturas de estilo gótico-lineal, más toscas y populares que las de los frescos de Baldós, los cuales se creen relacionados con las obras de Bierge y San Miguel de Foces.

Ermita de San Juan de Montañana. Fuente: Héctor Polite

Aprovechando la belleza y el patrimonio medieval que conserva la villa de Montañana, se están promoviendo actividades relacionadas con su Historia, tales como talleres y recreaciones históricas, las cuales intentan dotar al lugar de un mayor contenido turístico y de sumar a la ya existente casa-museo y sus objetos de tradición etnográfica, otra nueva casa-museo con reproducciones y cultura material de época medieval.

Detalle de un dormitorio medieval en la Casa-Museo Roseta. Fuente: Héctor Polite

Pero esta población no solo tiene valor histórico y cultural, también natural. Está ubicada en el entorno del Valle del río Noguera-Ribagorzana, y es lugar de paso para los excursionistas que realizan las rutas y actividades del Congost de Mont-Rebei, tan popular desde la instalación de las pasarelas en su entorno natural. Y además, por su casco urbano también transcurre el GR-1, sendero que atraviesa los Pirineos y todo el norte peninsular, desde Ampurias, Gerona, hasta Finisterre, en La Coruña.

Paisaje de Montañana. Fuente: Héctor Polite

Sin embargo, a pesar de todas las maravillas que alberga, Montañana se despobló a mediados del siglo XX. Sus habitantes abandonaron el caserío y se fueron marchando, entre otros muchos sitios, al cercano lugar de Puente de Montañana. Afortunadamente, la declaración en 1974 de conjunto histórico artístico, la designación como Bien de Interés Cultural en 1984, el paulatino proceso de restauración y la creación de la «Fundación Montañana Medieval» en 2009, ha hecho que la villa esté recobrando la vida.

El trabajo de la«Fundación Montañana Medieval», integrada por el Ayuntamiento de Puente de Montañana, la Comarca de la Ribagorza, la Diputación Provincial de Huesca, la Diputación General de Aragón, el Obispado Barbastro-Monzón e Ibercaja, está haciendo posible la rehabilitación, el desarrollo, la promoción y el fomento socio-cultural del núcleo medieval de Montañana, de Puente de Montañana y de todo su entorno.

Restauración del caserío de Montañana. Fuente: Héctor Polite

Gracias a los buenos resultados que está dando la cooperación y coordinación entre instituciones, hoy Montañana se ha convertido en un activo turístico de primer orden, y también en un ejemplo de lucha contra la despoblación rural a través de la dinamización de entornos rurales. Montañana es una pequeña joya a descubrir y un lugar ideal para perderse y disfrutar de Patrimonio Natural e Histórico de Aragón. No dejéis de ir a visitar esta preciosa villa.